martes, 11 de febrero de 2014

Una maldad (que debería patentar)

11 de febrero de 2014 a la(s) 23:29
A Maxi se la tenía jurada, era uno de los habilidosos en la categoría pre-infantiles, grupo un año menor a la que pertenecía yo. (Club de la Universidad Nacional de San Juan, año 1990 aprox)

Esa tarde se armaron equipos con las dos categorías, y   cuando nos tocaba jugar en contra,  él me canchereaba y sobraba todo el tiempo durante todo el partido. Mis limitaciones técnicas combinadas con la poca tolerancia a perder y mucho menos a ser humillado… habían recargado en mí un sentimiento de rencor que, al enfriarse de a poco y dejarlo madurar, logró incorporarse a la frialdad del raciocinio para elaborar un plan malignamente excelente.

Descansábamos porque jugaba otro grupo… y Maxi miraba el partido de pie al lado de la cancha. Detrás de él, a unos metros y con una pelota de basket de cuero tamaño oficial en mano… yo pensaba, meditaba… calculaba… sin emitir expresión.
Hasta que decidí actuar y llevar a cabo un simple pero  genial plan de doble acción.
El primer paso fue animarme a lanzar la pelota apuntando a su cabeza.
Ya de por sí era importante la precisión, y la calculé bien, pero era muy obvio y de broma pesada fácil apuntar y pegarle desde atrás a una víctima desprevenida. Mi “frutilla del postre” fue gritar al mismo tiempo en el que lancé la pelota…


-“MAXIIIIIIII!!!"-

((Y sí, ahora que lo recuerdo, y poniéndome en su lugar. Quisiera imaginarme qué habrá pasado por su cabeza antes de recibir ese impacto de 650gramos de materia aumentados en kilogramos por la fuerza de la inercia y esas cosas de la física.))

Volviendo a la escena, lo que vi se transformó en un instante épico de mi memoria.  Esa fracción de segundo en la que se dio vuelta para enseguida abrir los ojos grandes y no llegar a cubrirse con los brazos…ese “momento kodak” fue el resultado más satisfactorio de lo que había premeditado (La pelota le podría haber roto el tabique…pero gracias a sus reflejos anti pánico alcanzó a mover un poco la cabeza y la pelota sólo le abarcó la zona derecha de la cara y parte del parietal)

Yo sonreí, conforme con mi perfecta ejecución. Pero más satisfecho aún con  la interacción de la víctima girando en respuesta a mi llamado… sintiendo así a mi voz como si fueran los hilos manejando a una obediente marioneta.

No llegó a ser un Knock Out, Maxi quedó confundido… tambaleando como si fuera un viejito que le han robado el bastón… o un bebé que está aprendiendo a hacer equilibrio antes de caminar (cada uno imagine a gusto, yo tengo en memoria la escena original)

Le pedí disculpas, por supuesto. Sabía que me había excedido.




Moraleja: “La parábola que avisa no traiciona®” pero si te agarra desprevenido puede ser peor.

Moraleja 2 (más reflexiva): esto que escribí, si bien lo disfruté en su momento, no lo recomiendo y no me parece correcto hacerlo por más perfecto que parezca (lease en tono de mensaje preventivo como los que aparecen en las etiquetas de cigarrillo)


algo así pero con pelota de basket
algo así pero con pelota de basket

viernes, 7 de febrero de 2014

Lo explico rápido e incompleto así no aburre pero como para dar una imagen del juego aproximada.

El campo de acción se delimitaba por las baldosas del piso (baldosas de 20cm x 20cm) intentando recordar bien diría que utilizábamos ocho baldosas de largo por cinco de ancho.

Los jugadores eran tapitas de gaseosa o cerveza, y en un solo caso excepcional había un jugador distinto considerado “el Maradona de las tapitas” . (Era una tapita genérica sin utilizar, probablemente para hacer salsa de tomate, y que jugaba para el equipo de tapitas de Quilmes dirigido por mi hermano).

Como pelota “oficial” se utilizaba un cuerito de canilla de agua corriente. Y  a los arcos los había construido yo con el mecano y aprovechando retazos de bolsas de red (esas de feria) para justamente utilizarlas como red.

Todo se conformaba en una estética de “metegol casero” o “metegol pobre o indigente” o juego símil-fútbol pero de piso, ni si quiera de mesa.

Ahora sí, para hablar del reglamento primero tendría que describir el contraste en la forma de ver el juego, tanto la del creador (mi hermano) como la mía.

Santiago se imaginaba al fútbol real reducido a escala y visto desde arriba en ese mundo de:
40 baldosas, 22 tapitas, una “pelotita” cilíndrica con un hueco al medio… y dos arcos de plástico hechos con mecano (arcos diseñados por mí como ya dije antes, muy lindos).

Esto lo llevó a formular reglas muy interesantes como  ,por ejemplo, favorecer la posibilidad de triangulación y pases consecutivos de acuerdo a la precisión del pase (pase = tincazo con el dedo).

En eso su “Maradona” tenía ventaja, porque generalmente la pelota le quedaba encajada entre los dientes laterales que se mantenían horizontales (recordar que era una tapita sin usar) entonces muy a menudo le correspondía otro turno para realizar pase o jugada o la posibilidad de acomodar la “pelota” inclinada y apoyada sobre el jugador y darle un tincazo con efecto o chanfle, o también patear hacia arriba y desde atrás suponiendo una “chilena”. (quienes no sepan mucho vocabulario de fútbol tampoco entenderán este juego pero bue… imaginenseló o lean directamente el siguiente párrafo en el que voy a contar cómo veía y entendía yo el juego)

Así como mi hermano se lo imaginaba y se lo tomaba como un verdadero partido de fútbol real y trataba de imitarlo con jugadas y posiciones tácticas… Yo, mucho más realista y objetivo en lo que veía (tapitas “pelotita” y arcos), centraba en mi cabeza una sola idea fija (muy cercana a la misma idea que tenía del fútbol real)

Estas tres palabras se tatuaban entre mis cejas: “Tincazo, pelota, gol” (En mi estilo de juego real se traducía a: “Puntazo, pelota, gol”.. bueno.. a veces gol)

Sin embargo, la mentalidad tan simple y práctica de juego que proponía, era la que hacía que el reglamento se fuera modificando entre partido y partido para lograr ese “espectáculo” realista que buscaba siempre el “lírico” de mi hermano.

Habían bastado un par de encuentros amistosos contra él para que se pusiera estricto con algunos puntos y , por ejemplo, estuviera prohibido patear al arco desde atrás de mitad de cancha y demorar mucho tiempo calculando el ángulo y la potencia del disparo cual jugador de golf (ese era mi estilo en los primeros partidos)

Ya con el reglamento bastante “pulido” y siendo un gran dominador en el barrio con su equipo de Quilmes , mi hermano decidió organizar un campeonato entre los chicos que lo jugábamos.

Santiago usaba las tapitas de Quilmes, Pedro las de Coca Cola, Federico las de Soda Dana, Poyo las de Pepsi, y yo las de Seven Up. (puede que hay algún error, pero Seven Up y Quilmes era así)

El fixture (también dibujado por el creador y máximo favorito a ganar el torneo) constaba de 4 fechas, donde nos enfrentábamos todos contra todos… y casualmente… en la cuarta y última nos cruzábamos los que “a priori” éramos los más experimentados y favoritos (Quilmes vs Seven Up… Mi hermano vs Yo)

Cuando dije que el reglamento estaba “bastante pulido” justamente no dije que estaba del todo aceitado para parecerse al fútbol real… y yo tenía un plan que le haría frente a ese “jogo bonito” propuesto por Quilmes y su Maradonita.

Durante la semana que duró el torneo se dieron resultados predescibles en las tres primeras rondas… mi equipo de Seven up había ganado los tres partidos sin problemas… (salvo un 2 a 1 contra el Coca Cola de Pedro pero que merecí un gol más seguro)… y Quilmes por el otro lado venía goleando cómodo… con una amplia diferencia de goles pero con la misma cantidad de puntos que Seven up.

En la definición de la cuarta y última fecha (durante los partidos anteriores jugué a estilo tradicional respetando la estética realista) sería el momento de ejecutar mi plan…. ´

Último partido de la cuarta ronda, se definía el campeón entre Quilmes y Seven Up. (los otros ya no tenían posibilidades)

Arrancó el partido.. y desde el principio formé los “jugadores” de mitad de cancha hacia atrás.. un muro en tres fases de diez jugadores más el arquero que lograban entorpecer los intentos de combinación colorida de pases y lujitos (lo que sería el hoy de moda “tiki-tiki” del Barcelona)  que proponía Quilmes…

Así aguanté hasta que en una pelota dividida logré hacer que el balón pase a ser posesión de Seven Up desde un saque lateral.

En ese instante de pelota detenida vi la cara fastidiosa de mi hermano observando pasivamente como yo mandaba varios jugadores a la zona de su área… y desde atrás de mitad de cancha  efectuaba el lateral buscando el arco…  previo roce de alguno de mis jugadores o los de él.

Efectivamente, alguno de los míos “cabeceó” ese saque lateral “sobrenaturalmente” potente en la vida real.. pero super efectivo y afortunado en la final que estábamos viviendo. (Seven up 1- Quilmes 0)

Pasaba el tiempo… Quilmes desesperado, nervioso, pero con mucha concentración atacando. En eso… sin querer… un tincazo desafortunado de mi hermano le hace cometer  falta en ataque cerca de mi propia área… y yo , tranquilo, aplicando la misma fórmula pero mucho más cómodo … me limité a llevar los jugadores al área contraria y patear.

No fue gol, pero como el rival tenía que sacar desde el arco volví a acomodar nuevamente los jugadores en zona defensiva. (nuevamente la cara de fastidio de mi hermano viendo como yo NO colaboraba para que el encuentro pareciera un partido real.)

Y sí, así seguí fiel a mi juego y al uso de la táctica premeditada en secreto durante el torneo. Apliqué la misma fórmula de mandar jugadores adelante sólo si la pelota era detenida y buscando el toque casual para después reacomodarlos en defensa un par de veces.. y en una de esas “movidas” concreté el 2-0. (también un gol horrible, lo reconozco aunque no lo recuerdo bien, no fue muy vistoso para la retina, eso seguro.. por algo se olvidó)

Quilmes, como era de esperar,  se me vino encima presionando y haciendo valer todo lo “pulido” del reglamento en la mayor medida posible. (reglamento que favorecía el juego lindo, por defecto, a Quilmes y toda su habilidad)

En esos ataques El Maradonita “la rompió” explotando al máximo “su talento” y entre un par de jugadas hizo un gol de chilena y también un centro gol de corner… dos minutos nada más y el partido ya se emparejaba en dos tantos por bando.

Segundo tiempo (eran de 5 minutos y 5 minutos) …

La imagen se repetía con Seven up aferrado a la misma fórmula, sin estar colgado del travesaño, pero cubriendo todos los espacios…monotonía permanente.  Mientras Quilmes presionaba y presionaba con sus toquecitos y traslados.

 Seven up replegado defendiendo y defendiendo hasta  que apareció una situación muy similar a la que había generado el primero y segundo gol. Obviamente mandé los jugadores adelante y realicé el lateral… (siempre dentro del reglamento, frente a la misma expresión en la cara de mi rival)

La pelota  (el cuerito de la canilla) pegó en uno de mis jugadores… se levantó y rodó un poco (como las monedas cuando se escapan) hizo un par de “eses” en el área y se metió dentro del arco (ni en los dibujitos japoneses de los campeones se les hubiera ocurrido un gol tan fantasioso)

¡Seven Up se imponía 3 a 2! No lo podía creer… ¿y ahora? A aguantar y defender como se podía.
En una de las últimas jugadas el “Maradonita” dominó la pelota (por las características que ya dije) y metió un pase casi perfecto(*) para uno de los delanteros que se ubicaba en el área chica. Como era mi turno y el ángulo no me daba para despejar la pelota… apunté directo a ese delantero, sacándolo de la cancha y dándolo vuelta (si se daba vuelta era considerado “lesionado” y por supuesto… mi jugador fue expulsado también.)

Penal:

El penal se resolvía como si fuera “piedra papel tijera” pero con un dedo, dos , o tres… (uno a la izquierda, dos al medio, tres a la derecha) si los números coincidían significaba que el arquero adivinaba el lugar… siempre dejando un espacio para dar posibilidad al gol pero el mínimo (la medida era el diámetro de la pelota)

Acá quedó en la leyenda mi arquerito , quien era bautizado como “El loco savedra”.

Según los rivales del campeonato, "El loco era" un arquero suertudo. Y En este partido definitorio su desempeño no pasó desapercibido… Quilmes dijo “tres dedos”.. y el loco mostró un  “tres” también….por lo que el arquero había adivinado el costado elegido. Igual el pateador tenía espacio y mi hermano tinqueaba muy bien…



Ante el violento y muy preciso disparo “El loco Savedra” atajó metiéndose él adentro del arco pero la pelota quedó servida para que “Maradonita” la empujara…

Pero me tocaba a mí….(lo más ético y estéticamente "futbolero" hubiera sido usar el turno para reacomodar el arquero, ni en pedo)

Desde afuera del área empujé un defensor con la intención de despejar, pero una imprecisión mía o un desperfecto en el relieve de la baldosa hizo que la tapita volara por encima del balón sin tocarlo. (me inclino en sostener que erré por culpa del relieve)

Santiago, fiel a su "lirismo", en lugar de definir directo metiendo la pelota en el arco con tapita y todo (hubiera sido menos parecido al fútbol real) trató de aproximarse con el jugador, quedando en inmejorable posición y con pelota dominada (no lo expliqué antes, pero si la pelota después de un pase o traslado quedaba a una distancia menor a su diámetro cercana al jugador, éste podía acomodarla a gusto apoyándola inclinada o en cualquier costado de la tapita, porque se consideraba “pelota dominada”) .

Viendo que el Maradonita cubría la pelota con todo su cuerpo y no me dejaba ángulo para intentar despeje (en realidad tenía, pero mínimo ángulo y me decidí por lo más sencillo) no tuve otra idea que efectuar otro penal tirándole un defensor de lleno al “crack”  sacándolo de la cancha de la misma manera que al jugador anterior (sin darlo vuelta, se la bancó bien el jugador estrella de Quilmes).  No  recuerdo si existía el último recurso en esa época (por lo que calculo que sólo recibí amarilla)

Nuevamente el “piedra papel tijera pero con números”. Yo volví al “tres” y mi hermano lo cambió por el “uno”…

Era un gol cantado en todas las probabilidades….

Sin embargo…

Increíblemente el tincazo (por querer mi hermano asegurar fuerte y al medio) hizo que el cuerito  pegara en el travesaño quedando la pelotita en la línea sin entrar del todo… y “El loco” que  ya estaba en el sector “uno” al lado del palo voló gracias a mi empujón despejando hacia el costado. Luego… entre disputa y disputa terminaría saliendo  un córner a favor de Quilmes (para mí suerte y gracias al corazón del Loco lo peor había pasado)

El córner  pateado pegó en un par de jugadores y salió por el otro lado pero con cambio de posesión favorable a mí.

Un par de despejes más y Seven up se consagró campeón del primer campeonato barrial de tapitas símil fútbol.

Santiago reconocío mi triunfo, no se enojó ni se quejó (ya dije que teníamos distintas maneras de ver el juego) Pero sí sugirió:

- “Para el próximo campeonato no tiene que valer eso de los goles desde el lateral y reacomodar todos los jugadores arriba o abajo y etc etc etc”…

-“sí ´si, para el próximo le dije” (próximo torneo que nunca existió)

Pd: el glorioso equipo de Seven up permaneció muchos años guardado en un bolsito fucsia, Bolsito que una vez quise traer a villa maría con el equipo incluído… pero sólo estaba el bolso y me desanimé. (aunque ahora que lo pienso tal vez salieron a festejar y dar la vuelta)

Pd2: por lo que me cuenta mi hermano por chat, luego aparecería un participante más “El loncho” quien trajo envuelto en un bolsa de nylon su  equipo conformado íntegramente por tapitas de salsa sin usar…(su madre debió haberse preguntado por el faltante) de todos modos ya se había perdido la magia y la emoción del campeonato… lo que siguieron fueron encuentros amistosos y nada más que eso. La leyenda del equipo de Seven up generación Fido Dido estaba escrita.

(*)El pase se consideraba perfecto cuando después del mismo la pelota (cuerito) quedaba a una distancia menor a su propio diámetro próxima al jugador (tapita) . En esa situación se ganaba un turno más con la opción de patear (tinquear) desde ahí mismo o acomodar la pelota a gusto permitiendo el turno del otro jugador.








foto carnet del loco Savedra (réplica)

Teletransportación en bici (está escrito así nomás, se aceptan correcciones)

3 de febrero de 2014 a la(s) 18:30
Un ex amigo (que por aquel entonces consideraba amigo) me había invitado a cenar, motivo de un favor que le había hecho en la universidad.

Tenía pensado ir caminando en un principio pero como se hizo tarde decidí salir con la bici. (La bici… una Bianchi ocelote todo terreno noventosa que llevaba mucho tiempo sin visitar al bicicletero…. O sea.. se la bancaba… pero un poco de mantenimiento necesitaba.)

Arranqué y a los pocos metros empecé  a sentir el pedaleo pesado y a la vez… a escuchar un ruido molesto que venía de abajo ... producto de la aspereza que provocaba el roce de la cadena y los piñoñes y los platos y la descalibración de los cambios y todo eso.

Mientras movía las palanquitas con la esperanza de que se acomodara la cadena bajé la cabeza intentando ver si encontraba el problema para decidir la dirección de los cambios… alguna posición más o menos calibrada conviviendo de buena forma entre piñoñes y platos debía encontrar, esa era la intención.

Abstraído yo, observando esos movimientos mecánicos imperfectos y desengrasados, seguía mi camino hacia la casa de ese amigo de esos tiempos… amigo que como ya dije antes… próximamente dejaría de serlo… ((aunque queda en mi memoria una anécdota de él y yo asistiendo  a una peña universitaria en la que no encontramos nada más entretenido que “psicoanalizar” los traseros de las presentes de acuerdo a su postura y expresión… el más observado fue el de una rubia parada a dos metros de nuestra mesa que nos exponía sus caderas justo a la altura. La pose de sus nalgas, una más arriba que la otra, nos hizo pensar que en realidad ese era un culo pensante… intentábamos imitarlo con nuestras caras levantando una ceja más que la otra… y dedujimos que tal vez ese trasero era el que nos estaba psicoanalizando a nostros, un culo Freudiano o Lacaniano o Bucayniano… todos con esa terminación))

Volviendo al tema del problema con la bici… Justo cuando más concentrado estaba yo inmerso y buscando arreglar en movimiento ese inconveniente ruidoso que incomodaba el transporte… y entre alguno que otro insulto al aire pero sólo expresado en pensamiento… justo… el pensamiento.. mi mente… mi mente en blanco después de un estampido. (Si mi cabeza fuera una computadora… creo que ese instante hubiera sido comparable a la situación crítica de la pantalla azul con las letras blancas que dicen mensajes como

“A fatal exception 0E was ocurred at 0028bla bla bla”

Luego de ese instante de “pantalla azul” reaparecí teletransportado sentado en el medio de la calle (no pasaban autos por suerte) Así quedé yo con el pantalón roto a la altura de la rodilla derecha y la rodilla derecha sangrando… Y la bici un poco más atrás… en posición horizontal descansando al lado de un fiat 147.

Me levanté rápido, miré para todos lados… no vi a nadie… y temiendo que saliera el dueño del automóvil me monté a la bici y salí lo más rápido que pude.  Ahora, al ruido y la dificultad de pedaleo se le sumaba el dolor.. igual llegué a destino… a cenar un “arrocito con queso” porque mi futuro ex amigo había olvidado que me debía la cena… o no había tenido tiempo de hacer algo mejor… no lo sé, ni lo sabré.. ni me interesa saberlo, punto.

Durante varios días, cada vez que pasaba por la calle Catamarca y veía ese auto estacionado pensaba que saldría el dueño a reclamarme el arreglo de algún abollón o foquito roto o lo que sea (una vez me detuve a la siesta a ver si había alguna huella de mi anterior impacto… tenía varias marcas… y creo que un par eran mías o de mi bici)


....



Más próximo a esta época me encontraba con Pinguli , un amigo de siempre, y apareció Lucía a buscarnos en un fiat 147… (bastante baqueteado como la bici).. y sí.. entre charla y charla nos dimos cuenta de que éramos vecinos y que ese auto en el que nos movíamos era el que yo había impactado antes y que nunca se dieron cuenta de lo que ocurrió aquella noche.


Me sentí más tranquilo, fueron muchos años de incertidumbre que habían pasado, y escuchar a Lucía decir que si ese auto tenía un abollón más no le hacía nada y que no me preocupara... me hizo sentir bien.

viernes, 31 de enero de 2014

Guerra de canutos (Canuto = cerbatana según wikipedia)


En el barrio eran comunes los juegos bélicos, nunca llegué a participar de los piedrazos pero sí una vez tiré una piedra para arriba mientras jugábamos al fútbol y se la pegué en la cabeza al “Caco”, uno de los más grandes del grupo. (Me perdonó la vida a pesar del chichón que le salió)

Esta vez el juego era tranqui… cada uno con sus canutos, (de caña o de pvc fino… así estábamos armados) y de municiones usábamos las pelotitas o bumbulas que dan los árboles de paraíso.

Yo, como buen estratega inteligente que soy había elegido ubicarme arriba del árbol. No muy alto por el  pánico a las alturas pero lo suficiente como para estar más arriba que los demás y de ahí atacar, además tenía bumbulas de sobra para utilizar.

No contento con esa ventaja… se me ocurrió la genial idea de meterme de a cuatro , cinco seis.. que se yo.. un  montón de bumbulas y escupirlas como si mi canuto fuera una pistola automática.


Me sentía un ganador total.. y hubiera seguido ganando al otro día seguramente… de no ser porque las bumbulas son muy tóxicas y pasé toda la noche y el día siguiente con diarrea y vómitos. (Moraleja: hay que bajar un cambio con la carrera armamentística)




miércoles, 9 de octubre de 2013

Sexto Sentido... al cesto.

 Alguna vez en  mi vida tuve contacto con gente que tiene capacidades extrasensoriales para ver el aura de las personas… y también para curar el espíritu y ayudarte así a liberarte de las tentaciones e impurezas que te rodean en el mundo material.

Alcira era la señora iluminada con este tipo de don, una mujer muy pequeña de contextura física y de muy avanzada edad… pero sin mostrar ninguna característica en los movimientos  ni en el modo de hablar y ni si quiera portaba  canas ni nada que la pudiera definir como anciana. (Arrugas sí)

Ahí estaba yo, en esa vivienda muy humilde de Albardón (San Juan). Una mesa bien cuadrada, muebles sin ningún adorno… todo austero. Paredes de adobe coloreadas de celeste… y  por ahí, entre esos muebles sencillísimos, alguna estampita de alguna virgen que ni recuerdo de qué virgen habrá sido la imagen… (soy pésimo para recordar nombres… alguna “María” habrá sido)

Me encontraba ahí porque me iban a “limpiar el aura”… Alcira tomaba mates dulces, yo también… Igual yo había asistido en ayunas para qué ella pudiera hacer bien ese trabajo espiritual. Yo no creía mucho en esas cosas pero
Alcira era muy agradable y al charlar con ella me sentía bien y con posibilidades de ser mejor persona (en ese rato).

Un par de mates de ronda y me hizo poner de pie, derecho y relajado… yo con 13 o 14 años ya le llevaba dos cabezas fácil.  (Algo había dicho en broma de que no hacía falta tener tanta corporeidad material para cargar un buen espíritu o por lo menos yo entendí algo así y me sentí aludido… igual no opiné.)

Una vez en esa postura, y como si sus manos fueran un scanner, Alcira las pasaba por mi “aura” (sin tocarme, a 15 cm aprox de la superficie de mi cuerpo), desde arriba de mi cabeza hacia los costados y para abajo… lo hizo una vez… dos.. y a la tercera.. yo casi a modo de juego pensé:

-:“Esta vieja me está quitando información”

Fue impresionante como se sobresaltó Alcira, retirándose hacia atrás y preguntándome con un tono muy imperativo, totalmente diferente a toda la paz que me había transmitido anteriormente:

-:“EN QUÉ ESTÁS PENSANDO!!”

Dudé un poco pero haciéndome el desentendido le respondí:

-:“Nnn.. No... en nada,  en nada.”

Entonces se tranquilizó y siguió con su limpieza “aureal”. (No me habrá quedado blanca Ariel® … pero para un púber pre adolescente seguro la dejó de lujo.)


Con los años, si bien respeto esos fenómenos metafísicos, he ido convirtiéndome en un fiel creyente de  mis capacidades y limitaciones como ser terrestre y mundano. (Aunque si el baño queda pasando un pasillo oscuro…. al pasillo lo atravieso a paso veloz)


“Y así fue que desperté en mi mundo, siendo lo que soy, y no voy a parar ni un segundo porque mi destino es hoy.” (Violetta)

miércoles, 2 de octubre de 2013

La verdadera Dueña


1987… después de tantos cambios de domicilio, entre departamentos y casas de barrio… por primera vez vivíamos en casa propia… bueno… casa propia es una forma de decir… porque la verdadera dueña del territorio era la Susana Giménez, una gata negra gigante (para  mí era gigante) y de muy pocas pulgas.

Ya había demostrado su dominio territorial la primer noche que dormimos ahí. Cuando mi papá hacía el asado inagural en el patio (parrilla sobre el piso de tierra)… al primer descuido la descubrimos arrastrando una tira de chorizos completa (los llevaba arrastrando en etapas para no quemarse tanto)
Otro momento donde demostró su autoridad fue este.

Mi hermano jugando con los autitos a las carreras de fórmula uno en el mismo patio… gritaba haciendo el sonido de los autos (bastante pica-pica sesos)

-:“Bruaaaaaaaaammmm   (cambio de marcha)         Broooooooom          (otra marcha (Bruaaaaaaaaaaammmmmm)”

Así estaba en esa carrera tan ruidosa y sin sentido en la que seguramente ganaría su auto preferido hasta que se escuchó este sonido.

-"Jhhhhhhhhhhhh!"

Al instante mi hermano llorando a los gritos, mi mamá corriendo para ver qué le pasaba y al darse cuenta llevarlo a limpiarse la herida con meteolate o algo así.
Todo eso mientras la gata volvía muy tranquila a recostarse donde estaba reposando previamente al hecho consumado.


Ese día Susana Giménez me cayó bien… no tanto otras veces en las que la ligué yo.

Fair Play (En el día Internacional de la No Violencia)

Nos habían regalado un juego de ping pong marca Luisito®. En la caja venían la red, las paletas y un par de pelotas… todo marca Luisito®.

La mesa que utilizábamos para jugar no era marca Lusito®. Era una mesa sobreviviente al terremoto que sacudió San Juan en 1944. Ovalada y llena de pocitos e imperfecciones, supongo que la gran mayoría producto de escombros y pedazos de techo que le habrán caído en aquel suceso… (y a lo mejor algún que otro agujero de compás realizado por mí  más recientemente… no mucho más que eso)

Bueno… digamos que era una adaptación extraña para desempeñar la práctica del  ping pong… y yo venía de mala racha.  A mi modo de ver, mi hermano o cualquier rival siempre se veía favorecido por esos relieves, aumentando mi bronca a medida que la “caprichosa” rebotaba a su antojo en cualquier dirección ajena a la esperada por mí. (“caprichosa” = pelota, según Quique Wolf)

Así venía yo, con resultados negativos…  no sacábamos porcentaje del descenso… pero sentía que si no ganaba ese partido me iría a la “B”…

Al principio lo dominé, luego se emparejó y en los últimos puntos volvió el fantasma de la “mala suerte”. Luego de la respuesta airosa a un remate ofensivo de mi parte, la pelota en mi sector apenas rozó el borde (también redondeado) de la mesa logrando esquivar el paletazo y reposando cerca del lavadero…. 17 a 21 abajo.

Ante la impotencia contenida de haber perdido “injustamente” le arrojé la paleta Luisito® a mi hermano ubicado en campo enemigo y acerté. Él , copiando la acción (típica de hermano menor), replicó lo mismo. Yo, al encontrar un motivo (Sentí un espíritu justiciero similar al que le imagino a E.E.U.U. cuando ataca países corruptos e irrespetuosos de la paz mundial y los derechos humanos)… fui a su encuentro.

Mi hermano intentó escapar pero no pudo, lo acorralé cerca de la cocina… y midiendo la distancia con el brazo izquierdo le encajé un derechazo en la mandíbula que todavía recuerdo en secuencias y cámara lenta. Dio un giro y se tomó la boca, inmediatamente sangre y un diente (por suerte para él, no era un diente definitivo) y seguido a esto… el típico llanto exagerado del hermano menor que todos conocemos.

El típico grito llorón sonó previsiblemente como una  sirena de alarma que anticipó el sonido más temido por mí.

Los talonazos de mi papá.

Seguramente mi padre no estaría dispuesto a dialogar racionalmente… ni tampoco me permitiría un minuto de pausa para calmar las cosas y explicarle lo injusto del resultado… y de cómo mi hermano había respondido también tan violentamente arrojándome la paleta Luisito® atentando contra mi integridad… Para luego, RECIÉN AHÍ SÍ, ver qué tipo de penitencia se me podía llegar a aplicar…

Advirtiendo ese clima poco amigable y hostil decidí  correr al máximo de lo que daban mis pies en dirección contraria al sonido de los talonazos que anticipaban la aproximación del peligro… destino, el patio.

El patio era un escape a una “libertad relativa”. Había sol… césped, plantas, todo muy lindo… pero todo cercado por paredes… paredes y un portón…

“¡El portón!”

En ese instante de lúcida brillantez recordé que ya había probado pasar por entre sus rejas… (Alguien me había dicho que si la cabeza pasaba por un lugar, el cuerpo también… y esas rejas tenían la distancia exacta.. por lo menos un par de semanas atrás la tenían)

Ya había sentido el sonido de la puerta mosquitera que daba al patio... y que hacía unos segundos yo también había abierto desesperadamente. Sabiendo eso… seguí corriendo hasta llegar al portón donde di una media vuelta veloz asegurándome ver de  reojo la proximidad del peligro… así era… mi padre habrá estado a unos pocos metros. Reaccioné sin dudar y traspacé  las rejas… con lo justo… se me rasparon las orejas… pero encontré la libertad verdadera y eterna de la calle…

"¿Libertad verdadera y eterna?"

Mi papá me miró un instante cara a cara… pero yo del otro lado (jeje)… y enseguida se dispuso a buscarme… abriendo la puerta mosquitera… sonido de la puerta que se cerró…. (yo calculando los tiempos)… sonido de la puerta de la casa que daba a la calle que se abrió… sonido de la puerta del enrejado de adelante que se abría (no sé como se llama)… y ahí sí… el momento exacto de traspasar las rejas nuevamente hacia el patio… el patio de la otra libertad alternativa.

Mi padre y yo nuevamente cara a cara, las rejas del portón permitiendo ese encuentro visual pero evitando el contacto, que seguramente no sería lo mejor para mí. 

Él, psíquicamente desequilibrado y alterado.  En contraste a mi ser, inmutable  transmitiendo frialdad lógica y paz interior paciente, a la  espera de que el ambiente se enfríe para entablar un diálogo normal de padre e hijo dispuesto a aceptar su imputabilidad, eso seguro.

Mi padre desapareció.

Otra vez sonido de la puerta del enrejado que no sé como se llama… sonido de la puerta de la casa… sonido de la puerta que da al patio. PADRE A LA VISTA. Momento de aplicar la misma acción evasiva hacia la otra libertad, la libertad alternativa, la calle.

Ahí se quedó mi papá mirándome. Su último intento, ya de resignación, fue el gesto típico de la mano intimidante como diciendo: “ya vas a ver cuando te agarre”…

Pero todo quedó ahí… un rato después yo regresaría y recibiría un plan de penitencia aceptable (y dentro de todo bastante justo) como para ser aceptado y cumplido por cualquier hijo reo universal.







En mercado libre todavía suelen aparecer avisos del juego de tenis de mesa marca "Luisito®"
En mercado libre todavía suelen aparecer avisos del juego de tenis de mesa marca "Luisito®"
Gesto parecido al realizado por mi padre aunque el de mi padre fue menos misericordioso.
Gesto parecido al realizado por mi padre aunque el de mi padre fue menos misericordioso.

Momentos en Villa María (fines de 1997)

Volvía a mi departamento , después  de  un partido de fútbol 5 y de tomar una coca en casa de amigos con los que había jugado.

Iba con pinta de futbolero, es verdad:   rapado, medias de fútbol  tres cuartos  caídas un poco más arriba de los talones… y mi infaltable camiseta de Nigeria campeón olímpico 1996 (Esa es otra historia, la de la camiseta… otro día la escribo)

Así con esa facha, e impregnado de  transpiración seca pegoteándose entre la piel y la ropa(calzoncillo incluído), caminaba cargando mi cuerpo casi arrastrando los pies. 

Era cerca de media noche, y ya  pasando lo que era “La Caleta”….  sabía que luego de la Terminal… me quedarían unas pocas cuadras para llegar al departamento. En el trayecto iba planeando si al llegar me daría una ducha o no... para luego acostarme a dormir.

Debatiendo ese pensamiento interno básico…  siento un chiflido del otro lado del bulevar.  

Giro un cuarto hacia la derecha y me quedo ahí mirando.

Al frente… un vagabundo. De apariencia probablemente más vieja de lo que era: barba grisácea y sucia, gorro caído, sobretodo (en diciembre! los vagabundos son atérmicos) con un par de bolsas colgando por sobre uno de sus hombros… y no recuerdo bien si lo acompañaban perros pero digamos que sí (Queda bien un vagabundo acompañado por perros relatando una descripción, sea cierto o no)

El tipo , al darse cuenta  de que lo escuché y le presté atención,  hizo un gesto como de tomar carrera y tirar un pase largo de balón imaginario.  

Yo, viendo esa acción, seguí con la vista el  balón invisible y lo paré de pecho para “matarlo” luego con mi pié derecho, pisándolo a lo Riquelme y  demostrando  mi buen dominio del esférico (imaginario).

Con balón al piso y sin tomar carrera, le devolví un pase impecable, precisión de billar. 

El vagabundo la recibió durmiéndola con el pie derecho, hizo un par de jueguitos (bastante ágil a pesar de su edad, las bolsas y el sobretodo) y me la pasó de nuevo… 

A mi turno , el mismo gesto técnico. (no se me ocurrió otro) la amortigüé de pecho, luego hombro derecho, cabeza y  para definir… le pegué de volea hacia arriba  a cualquier lado, señalando con el brazo la dirección de la pelota virutal que se iba bien lejos. 

El hombre miró la trayectoria y luego volvió la vista hacia mí como para ver qué seguía.

...

Lo saludé, él me saludó...  y seguí  caminando. 

(si el mendigo hubiera corrido a buscar la pelota a lo mejor seguía un rato más, pero se lo veía medio vago y con pocas ganas de correr, y  yo estaba cansado también)

Espero no haberle perdido el fútbol, no sé si tendría recursos económicos como para conseguir otro así nuevo.

La caja fuerte indigente (uno de mis mejores inventos, si no el mejor)

Uno de mis mejores inventos, si no el mejor, fue “La caja fuerte indigente” (hoy se me ocurre bautizarla así. Antes era  “la caja fuerte” a solas… no conocía la palabra “indigente”)

Descripción del  invento, estructura:


Físicamente se podría comparar con un paquete de yerba de medio quilo… a lo mejor un poco más chica… sí, un poco más chica pero más o menos… no mucho más chica que un paquete de yerba de medio quilo.  

Construí esa caja prismática utilizando siete pedazos de madera,  a puro martillazo de clavos quedó una sólida caja desprolija de seis caras…  y no quiero marear en la explicación (tal vez tenga que dibujar)…  o sea… a ver… eran siete maderas porque en uno de los lados largos, se tuvo que dividir en dos.

¿Para qué?

Para poder hacer una puerta en la mitad inferior, y una botonera numerada del uno al nueve en la de arriba.

En lo que refiere a la puerta de acceso… fue muy fácil de hacer, porque con dos clavitos clavados a una misma distancia se buscó cumplir la función de bisagra o eje , lográndose un movimiento satisfactorio generando una apertura desde arriba a modo de “horno de cocina”. Ahí se guardaría lo que se quería resguardar a seguridad extrema.

En la mitad superior de ese lado diseñé la botonera (que no eran más que nueve clavitos atravesando la madera), quedando la cabeza del clavo en la parte exterior del prisma, y las puntas pinchudas solamente visibles en el interior antes de terminar la construcción total… (estoy revisando los párrafos porque no sé si se entiende. Ya sé que me explico bien, pero quiero que se entienda)

Ahora viene el sistema de funcionamiento secreto:

Dentro de la caja, a la altura de la botonera, se encontraban dos motorcitos (Que alguna vez cumplieron la función de divertirme haciendo andar unos trencitos eléctricos, hasta que los trencitos se rompieron o  me aburrieron y tuve que desarmarlos.)

A los motorcitos les encajé unos ejes  doblados como gancho, trabando unos clavos doblados (también a modo de gancho) ubicados en la parte superior de la puerta. (los ejes eran de algún autito que también ya se había roto o me había aburrido)

El secreto era que los motorcitos se conectaban con un par de  cables cada uno,  entre estos (los motores) y las puntas no visibles de cuatro de los nueve clavos que formaban la botonera. Es decir, desde afuera, y sabiendo cuales eran los clavos correctos… sólo había que hacer contacto con unos cables electrificados  de un transformador de nueve volts… y la caja se abría o se cerraba en dos etapas.

(No voy a hacer el dibujo del esquema, más clara la descripción, imposible)


Tiempos de gloria.



Hasta ahí todo excelente, la caja era un éxito. Nadie podía abrirla salvo que yo les dijera la combinación de clavos correcta.

Venían mis amigos y pasaban un rato tratando de decifrar cuáles eran los números (clavos) correctos.
Mi hermano y sus amigos también pasaban por ese desafío y reconocían la seguridad que propiciaba el sistema.

Amigos de mis padres también (Recuerdo al “Pato” viendo la cajita como si fuera el “cubo mágico” y diciendo… “fahh, qué cabeza! Sos todo un inventor!” … y yo haciéndome el humilde le explicaba cómo la había construido y como señal de buena onda y superioridad , le pasé la clave para que viera los 5 pesos guardados en su interior , mis ahorros).


El final.



El sistema era buenísimo, pero siempre existe el azar… y gente que tiene algo así como un sexto sentido para encontrarse con el éxito, frustrando todo el esfuerzo y demanda intelectual que me llevó inventar la caja fuerte indigente.

Una noche de finde, probablemente un sábado, “los chachos” vendrían a comer un asado a casa. Éramos vecinos de dos cuadras y amigos de mucho tiempo. (Los “chachos” ;durante una etapa de mi vida,  entre mis tres y cuatro años de vida; fueron mi familia adoptiva, tengo recuerdos tipos “flashes” muy lindos pero no voy a describir ninguno porque lo que importa en este texto es mi invento)

Por supuesto que yo mostré orgulloso mi flamante invento. Jorge y María Elena (los chachos grandes) ya habían intentado abrir la caja y no lo había logrado y hasta creo que Jorge me había desafiado alguna apuesta por lo que era doble triunfo para mí.

Venía todo muy bien hasta que apareció la chacha chica  con Osvaldo, el novio. Jorge le muestró mi invento y la desafió a practicar  la apuesta…

Yo confiado acepté.

Oslvaldo se encontraba observando y comentaba lo interesante que estaba el invento.
No duró mucho el comentario y las congratulaciones… cinco segundos después escuché a la chacha decir:

-:”Listo ahí se abríó, ¡Gané yo! ¿Qué me gané? Ah! Estos cinco pesos son míos!” (los cinco pesos de la caja)

Creo que debe haber visto mi cara, y la cara de su padre y tal vez por eso se ubicó un poco… y bajó los humos triunfales.

-:“No  mentira, ahí los guardo… lo adiviné de suerte pero qué bien pensado que está!, te felicito!”

Sí , claro.. esas palabras de consuelo no cambiaron nada, ni si quiera que no me hubiera “robado” los cinco pesos…




..........

Hasta que se me pasó la mufa la desheredé como la hermana adoptiva mayor que alguna vez fue.









LA CHACHA TORTURÁNDOME. ( la misma que descifraría la doble combinación de la caja fuerte indigente poco más de una década después)
LA CHACHA TORTURÁNDOME. ( la misma que descifraría la doble combinación de la caja fuerte indigente poco más de una década después)

Perdidos en Ullum (El día que rescaté a mis amigos y a mí)

Hacía bastante que no viajaba a San Juan… pero ese enero de principios del 2000(2001?)… viajé para pasar unos días en la provincia donde nací y viví muchos años.

A horas de reencontrarme con mis amigos, que estaban en actitud ultra–deportista , me invitaron a hacer un tour ciclista hacia el dique de Ullum y de ahí meternos entre las dunas de arcilla para recorrer los circuitos de mountain- bike.

Por supuesto que me anoté y salimos con ese destino en el horario de plena siesta veraniega  sanjuanina , (un domingo peronista, ni una sola nube).

Ellos estaban bien equipados, no a nivel de usar casquito y calza.. pero las bicis venían correctamente tuneadas.  A mí me dejaron una medio pelo que safaba… y me banqué bastante bien esos veinte kilómetros desde nuestro barrio hasta UllÚm. (en otras épocas de juventud lo hacíamos siempre)

Ya en esa zona más inhóspita, abandonamos la ruta asfaltada para meternos entre las dunas que nombré antes (montañitas rojizas de arcilla y cactus)

Y así anduvimos bastante tiempo, siguiendo las huellas marcadas que formaban el circuito o a veces, aventurándonos a descubrir nuevos caminos que no habían sido recorridos…

Obviamente yo estaba confiadísimo de mis amigos , a los que, por lo menos estéticamente y en actitud… me causaban una impresión dedeportistas serios, experimentados y conocedores del lugar.
Resultó ser que en un momento no vimos más huellas marcadas por ruedas de otras bicis o de moto cross… resultó ser que ya llevábamos como tres horas dando vueltas , y resultó ser que yo ya me estaba cansando y reclamé regresar.

Mis amigos me cargaron un poco pero dieron el ok(creo que también estaban cansados) y continuaron pedaleando decididamente a modo de guías… como si tuvieran un mapa en la cabeza (probablemente por lo que deduje después,  mapa de otro lugar imaginario).

Atardecía... y la tan esperada calle salvadora con el cartel "San Juan capital 20km"  no aparecía.

Preocupadamente escuché lo que temía(temíamos) escuchar… Pablo o Rodrigo o Guille dijo:

-“Che, la verdad que no sé donde mierda estamos”…

¿Ajá?

De ahí en más no vi a ninguno tratando de ponerse el equipo al hombro y guiárnos… 

Los cuatro estáticos… nos quedamos mirando el paisaje sin hablar….

Pero las mentes brillantes sólo necesitan un instante y el momento justo para que , por ejemplo, aparezca un pensamiento místico resonando dentro del cráneo.

  Algo así como una voz de Jim Morrison hablándole a Wayne (Wayne’s world 2)… se escuchó en mimente. Y yo compartí esa  iluminación, emitiendo las siguientes palabras salidas de propia voz, y entonada perfectamente en la frecuencia mística sentida interiormente.

-:"SIGAMOS AL SOL":- *

A los veinte minutos ya veíamos el lago del dique….con el Sol volviéndose anaranjado y escondiéndose detrás de la cordillera…

Haciendo una imagen general, me veo a mí y a mis amigos pedaleando juntos, como si fuéramos los cuatro jinetes del apocalipsis pero sobre bicicletas y desesperados por llegar a la ruta y volver a nuestros hogares.

Bueno… el estado climatológico y geográfico no dio como para que fuera una aventura dramática y de rescate tipo película “Viven!”.Pero dentro de nuestra situación vivida…Me parece una aventura relatable digna de un texto como este. Donde me enorgullece haber  recordando la frase mística y salvadora. Y ahora que lo pienso, fui algo así como un visionario del GPS. (Sí, claro. Seguro que alguno pensará que era una estupidez obvia eso de orientarse por el sol… yo le digo: hay que estar en esa situación.. y además a mí se me ocurrió primero que todos los que estábamos en riesgo, fin de la cita)




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* José Azocar, frase emitida en enero, entre 2000-2002. Todos los derechos reservados ® (Igual autorizo a que la reproduzcan en caso de ser muy necesario)
Un atardecer como el que visualicé yo (El mismo dique y el mismo sol)
Un atardecer como el que visualicé yo (El mismo dique y el mismo sol)
Competencia típica de Mountain Bike, gentileza Diario de Cuyo
Competencia típica de Mountain Bike, gentileza Diario de Cuyo

Jugada polémica en basket-tenis (1992)

Mi papá nos enseño a doblar los fierros de construcción haciendo palanca,  y con eso diseñamos un aro de basket tamaño reducido para jugar baloncesto pero con pelota de tenis. Fue furor, El basket-tenis se propagó en varios patios del barrio y de nuestros amigos y compañeros de curso. Era muy fácil  colgarlos en la pared y hasta incluso se iban perfeccionando, al punto de crear variados  sistemas de aro flexible (con cámara de bici o resortes) y tablero de acrílico. (en mi patio no llegamos al tablero de acrílico.)

Mi hermano, que ya era un experimentado y hábil jugador de club, se destacaba entre las principales voces a la hora de ir modificando y adaptando el reglamento , trasladando las normas del  basket convencional a este nuevo deporte portátil instalable en cualquier espacio pequeño de patio. (también colgamos un aro en la pieza ahora que recuerdo, en el tablero figuraba impreso el quinteto titular del  dream team  NBA: Magic Johnson, Charles Barkley, Michael Jordan, Carl Malone y Patrick Ewing… no voy a revisar en internet si escribí bien los nombres, estoy segurísimo de mi memoria… puede que en lugar de Charles Barkley estuviera Clyde Drexler… igual todos son parecidos)

Voy a contar la jugada que practiqué en uno de esos partidos uno contra uno contra Santiago (mi hermano) , en el que el claro dominador era él, aprovechando su velocidad y superioridad técnica… haciéndole frente a mi capacidad de jugar al límite del reglamento (y un poco más)… tratando de imponer mi altura y kgms  de ventaja. (mi hermano en 1992 era lo más parecido a un marciano de los Mars Attack)

Cuando él atacaba…. pasaba como quería,  por derecha, por izquierda… o si no tiraba de tres puntos confiando en su alta efectividad…. Luego, a mi turno en posición de ataque… mi objetivo era ganar espacio a puro caderazo y  posición con el hombro… tratando de llegar lo más cercano al aro y encestar…. (reconozco que mi juego era poco vistoso pero lo entendía como la única  manera de aumentar mis posibilidades de anotación, así lo había estudiado estadísticamente)

Sobre el final del partido, en el resultado yo venía abajo 8 a 9… (era a 10). Santiago estaba en ataque y ya me había cobrado varias faltas. No quedaba   otra que  jugar lo más limpio posible… concentradísimo… con piernas flexionadas para tener más reacción. Aun así  vi como él encaró y se inclinó para la izquierda (hasta ahí yo siguiéndolo)… sopresivamente dio un giro demasiado rápido a la derecha anulando lo que mis reflejos podían responder... y ahí quedé  estático viendo como me pasaba…

En ese mini segundo lo seguí girando, haciendo un paso largo… y viendo que no podía llegar a bloquear la pelota extendí mi brazo a modo de “saludo hitleriano”.  Con la mano sobre su cabeza a la espera del salto que intentaría realizar para aproximarse al aro y tratar de convertir, seguramente con alguna definición lujosa, el tanto ganador.

Pero no fue así.

Al frenar su cabeza con la palma de mi mano el cuello se le dobló  como lo que pongo entre comillas: “>” y terminó impactando sentado en el piso.

Resultado del partido:

suspendido por incidentes.


Yo corriendo por todo el patio y mi hermano detrás a pura puteada y escupitajo.




pd: la jugada fue muy peligrosa y antisemita, no la volvería a hacer (Y nadie la debe repetir por más efectiva que pueda llegar a parecer)

pd2: No lo podría asegurar, pero creo que mi expresión facial , al momento de realizar la jugada, fue similar a la de Adolf saludando (ver primer foto)

Ver expresión en el rostro
Ver expresión en el rostro
Dream Team que jugó en Barcelona
Dream Team que jugó en Barcelona
representación gráfica de la jugada hecha por mi hermano varios años después (a modo de catarsis?)
representación gráfica de la jugada hecha por mi hermano varios años después (a modo de catarsis?)
Marcianos de Mars Attack
Marcianos de Mars Attack
Casi no lo vi jugar (porque no tenía cable) pero  Bill Laimbeer era mi inspirador en el estilo de juego.
Casi no lo vi jugar (porque no tenía cable) pero Bill Laimbeer era mi inspirador en el estilo de juego.